Nuez de Oro

    María, que era hija del guardabosques de una humilde aldea. Era joven y muy guapa y todas las tardes paseaba por el bosque. Le encantaba recolectar frutos y flores a lo largo del camino que llevaba hacia su casa.


    Un día, María, que como de costumbre volvía a su casa, se dio cuenta de que algo brillaba debajo de unas hojas. Realmente era esplendoroso y se acercó para ver de qué se trataba sorprendiendo se muchísimo al ver que era una nuez de oro. La bella joven se alegro muchísimo porque pensaba que quería pieza tendría mucho valor, pero en aquel mismo instante oyó una voz que le decía “devuélveme mi nuez, devuélveme mi nuez”… María no vio a nadie, pero seguía oyendo aquella voz a sus espaldas. Por fin, bajo su mirada y vio a un pequeño duendecillo pidiéndole su nuez.


    La joven, sorprendida, quiso saber si el duende era realmente el dueño de aquella nuez y le dijo que para que se la devolviera debía decirle exactamente cuántos pliegues tenía y que sea fallaba en su respuesta, la vendería y con el dinero que obtuviera compraría ropa y juguetes nuevos a todos los niños de la aldea.


    El pequeño duende aceptó o el reto y le dio por respuesta el número de 1.100 pliegues. María los contó uno a uno y vio que decía la verdad, aquel hombrecillo tenía razón, así que fue a devolvérsela, pero el pequeño duende, muy contento le dijo que como había sido tan generosa le regalaba esa nuez para que todos sus deseos se pudieran cumplir. Y no sólo eso, sino que aquella nuez era mágica por lo que todo lo que se le pedía era concedido.


    En muy pocos segundos el duende desapareció y María pidió ropa y juguetes para los niños de la aldea. De inmediato al deseo fue concedido y todo los niños tuvieron ropas nuevas, juguetes y además alimento.
    La generosidad de María había sido recompensada con creces. A partir de ese día la bella joven nunca se separó de su nuez de oro.