El Hada de los Deseos

    En una coqueta casita de campo vivía una niña llamada María, esta casita era habitada como casa de vacaciones, vivían felices los días largos de veranos en la coqueta casita, a María le encantaba caminar descalza entre las plantas florales, sentir el fino roce de las hierbas de las praderas entre sus deditos delicados del pie.


    Para merendar se sentaba bajo las sombras de un gran árbol de jacaranda, donde leía maravillosos libros de cuentos de espejos y princesas.


    María tenía una madre muy trabajadora, la pobre mujer trabajaba todo el día para mantener la casita ordenada y limpia, cocinaba, lavaba las ropas, daba de comer a los animales, la pobre mujer no descansaba nunca.


    Cierto día María disfrutaba de su lectura de cuentos y hechizos, al mirar para el granero vio a su querida madre llevando con mucho esfuerzo una carretilla cargada de leñas, caminaba a pazos de tortuga para mantener equilibrada la carretilla y evitar que las leñas caigan al suelo, trasladaba la carretilla de un lado al otro con mucho sacrificio.


    Al ver el gran esfuerzo que realizaba su madre, no pudo evitar exclamar en vos alta.


    Mi madre es una mujer muy trabajadora, pero pienso que se merece algo mejor, ¡Como deseo ser un hada de los deseos para conceder los suyos!
    Termino de pronunciar estas palabras y escucho una extraña voz detrás de ella que decía.


    ¡Si ese es tu deseo, el deseo se te concederá!


    Al girar su cabeza pudo observar a una viejita llenas de cabellos blancos y una sonrisa muy agradable, que miraba a María dulcemente.


    ¿Disculpe, quién es usted señora?


    Eso no es muy importante mi amiguita, yo acudí al escuchar tus deseos, tengo algo que decirte que va a cambiar sus vidas para siempre.


    ¡Por favor, dígame señora! ¿Qué es eso tan importante que debo saber?
    Eres muy pequeña, por eso no lo has notado, tu eres un hada de los deseos, puedes conceder el deseo de la persona que tú quieras, si tanto quieres ayudar a tu madre solo debes intentarlo.


    María se quedó helada con lo que decía la amable viejita, sin poder creer abría su boca grande sin poder cerrar de la sorpresa recibida.
    ¿Es verdad lo que dices de quién soy?


    Pues claro que gano yo con engañar a una niña como tú, ten presente los deseos de tu madre y veras como cambian las cosas, contesto la amable viejita


    Al escuchar esto la hermosa María, se puso muy contenta, dejo el libro que leía sobre la mesa y se dirigió a su casa en buscas de su madre, la pobre madre como siempre estaba arrodillada en el piso acomodando los leños.


    ¡Mami, mami! Decía la niña mientras corría a su encuentro.


    ¿Qué paso, María? Contesto su madre


    ¿Quiero hacerte una pregunta? Pero prométeme que serás muy sincera con migo.


    ¿Posees algún deseo que quieres que se cumpla?


    La madre se puso a pensar por algunos segundos y contesto cualquier cosa que se le ocurrió.


    ¡Si tengo uno! deseo que vayas a la panadería y compres una baguette para cenar.


    ¡Está bien si ese es tu deseo, deseo concedido!


    La niña salió corriendo a la panadería y regreso muy rápido.


    Acá esta tu deseo, recién salida del horno, cuidado no te quemes que está todavía muy caliente.


    Muchas gracias María, has hecho que mi deseo se cumplan.


    María estaba muy contenta, saltaba de felicidad y daba vueltas alrededor de su madre, por favor mama pídeme otro deseo.


    ¡Cualquier cosa que desees!


    ¡Si, tengo uno muy bueno! deseo que para las ocho de la noche la mesa este lista, ¡es una cosa menos que tenga que hacer!


    ¡Perfecto madre, deseo concedido!


    La niña salió corriendo, fue a buscar las cosas para poner la mesa, tomo un mantel a cuadros, los vasos, los platos, los cubiertos, un centro de mesa y los ubico perfectamente en la mesa, los acomodo, doblo las servilletas, acomodo las sillas, mientras tanto su madre no podía creer lo que veía.


    ¡Muy bien María, todo está puesto perfectamente! ¿Cómo has hecho posible que se cumplan todos mis deseos?


    La niña sonrió de felicidad, su alegría desbordaba por los poros de la piel, muy despacio se acercó a su madre y susurro algo a sus oídos.